16 de diciembre de 2012

Una de breves. Selene


Selene, relato de Víctor Pérez Bellvís

Selene

Autor: Víctor Pérez Bellvís



         Cuando bebo en luna llena, Selene me mira fijamente ciclópea, como reprochando mi actitud. ¿Acaso yo le digo lo gorda y blanca que está? ¿Acaso le recrimino yo que no aparte de mí esa mirada pálida y ojituerta? Para poder enviar un guiño tiene que rielar en el mar y dejar que las olas actúen de párpados, o esperar que entre ella y yo se cruce alguna nube arrastrada por el viento… Sin embargo, sobre nosotros, los involuntariamente lunáticos como el mar, como los locos, como los licántropos y los borrachos, ejerce un dominio extraño, excitante, agresivo…


         El mar da un beso más largo y más húmedo a la arena. El licántropo ansía la sangre para perdurar.

         El borracho se apoya en un fanal que no existe deslumbrado por su luz, huyendo de ella para poder pasar desapercibido.

         Los asesinos afilan sus cuchillos.

         Algunas parturientas adelantan su parto para bañar con luna a su hijo.

         Los locos… nos alborotamos más… 


Relato extraído del libro: 
Cuentos Lunáticos, del valenciano Víctor Pérez Bellvís. 







8 de diciembre de 2012

Laberintos. Del yo al mundo

Alfabetos. 1

Urbana Luna



El hombre caminaba hacia sí mismo siguiendo una ruta en espiral. Era el amo del Universo y deseaba conocer todas las respuestas. Inició su viaje marchando con rapidez hacia su propio centro. Pero según avanzaba, comenzó a pensar en los riesgos de la expedición. El interior de uno mismo, tan oscuro y lejano, puede albergar peligros desconocidos- se dijo. Sus pasos se fueron volviendo lentos, como los de un anciano. De algún rincón oscuro surgió el miedo. Puede que, ese punto desconocido hacia el que me dirijo esté habitado por el Minotauro, también llamado muerte - concluyó.  




Lenguas para una arquitectura- J. Freixanes
Alfabeto Da -Zhuen  Siglo XVII a.c.





En este instante, los pies se paralizan, toma impulso y da un salto hacia fuera. Decide cambiar de escenario, probar otro método. Mira a su alrededor  en busca de otros hombres, porque sospecha que hay más seres de su rango. Se dedica a recorrer el espacio conocido de norte a sur, de este a oeste. Explora más allá del río y de la montaña sin encontrar a nadie. Deduce que vive en un territorio desierto en el que sólo existe la huella imaginaria de su itinerario.



Lenguas para una arquitectura- J. Freixanes
Alfabeto proto-índico. Siglo XXV a.c.Origen: India




Agotado, tras largas jornadas de ayuno, se refugia en una gruta y cae exhausto. Duerme un sueño poblado de enigmas que no logra descifrar porque las  imágenes huyen apenas despierta. Encuentra una piedra y la fricciona contra la roca. Llora de rabia. Con la mano y la fuerza de sus músculos, logra dejar grabados unos signos rudimentarios. Al fin sonríe complacido ante esas marcas cuyo significado ignora. No ha sido un acto racional, sino una invocación mágica. Acaba de inventar el alfabeto.





“Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos, y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”     (J.L. Borges. Epílogo. El hacedor)


Lenguas para una arquitectura- J. Freixanes
Alfabeto tartésico. Siglo VII a. c.
Origen: Sur de la península Ibérica