23 de junio de 2013

Una mosca en el Parlamento

Urbana Luna


          La mosca aterriza sobre la calva del ministro de Economía. Es la primera vez que se posa en una cabeza sin pelo y parece que le gusta porque mueve las patas con la alegría de una bailarina de claqué. Decide quedarse allí mientras el diputado, un señor gordito de sonrisa difícil se dirige a la tribuna de oradores.


Blog Regreso a Babilonia



         Hoy explicará las nuevas medidas del gobierno contra la crisis. Ajusta el micrófono, intenta espantar a la mosca con un ademán brusco  y comienza a pronunciar vocablos extraños como: recesión, déficit y balanza de pagos. Sus colegas de partido le aplauden. La oposición le abuchea. La mosca no hace caso, ha nacido esa misma mañana y sólo entiende palabras fáciles como día, volar y alimento. Además el joven insecto percibe un aroma dulzón que excita su apetito. Movido por el instinto,  comienza a revolotear alrededor del ilustre parlamentario, zumbando muy excitado, hasta descubrir unas  migas de pan con miel enganchadas en la solapa del traje gris.

         Parece que su señoría desayuna bien, de ahí el ímpetu que muestra al enumerar una serie de medidas drásticas que habrán de mejorar el país:   Reducción de salarios y asalariados; disminución de pensiones y pensionistas; eliminación de servicios de salud, de sanitarios y enfermos. La mosca no presta atención al discurso, está adormilada  por la copiosa ingesta y se detiene sobre el folio que le sirve de guión al señor ministro. Parece una gota de tinta derramada  junto al texto.

         Medidas drásticas, repite don Luis, descargando un sonoro palmetazo sobre el atril, lo que arranca una nueva ovación a sus colegas de partido. La oposición le abuchea de nuevo, el ministro mira sus notas y sonríe satisfecho. La mosca nunca aprenderá el significado de la palabra noche.






10 de junio de 2013

Sirena. Relato breve

Por Urbana Luna




Sirena "on the roks"


Blog Regreso a Babilonia



Conocí a mi sirena en un chiringuito playero. Yo removía el Dry Martini con uno de esos palitos que te ponen de adorno y ella intentaba ocultarse tras la rodaja del limón. Su belleza diminuta me desconcertó. Le lancé un beso y me dedicó un mohín que prometía placeres ignorados. Intenté capturarla con mis dedos de gigante, pero se escurrió con un giro de cadera, dejando un aroma de algas en la palma de mi mano. Apuré la copa hasta el final, dispuesto a llevármela a casa, pero en el fondo sólo encontré la aceituna. 

Y desde entonces la sigo buscando por bares y coctelerías. Ayer mismo la descubrí buceando en mi Gin Tonic. Se deslizaba graciosa entre hielos y burbujas, mientras yo permanecía inmóvil para no interrumpir su sesión de jacuzzi. Poco después reparó en mí y desapareció de repente, la  muy esquiva.

* * * 

¿Mas sobre sirenas?

Visita el Proyecto Sirena en Facebook, una iniciativa del grupo literario El hombre que fue jueves.