31 de marzo de 2014

Tu fantasma es un turista japonés

Por Urbana Luna


         Hasta ayer tu fantasma se me aparecía a diario. Por la mañana paseaba entre las mesas del bar donde desayuno. El gesto chulesco, los andares rápidos. Como tú.


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         Por la tarde me esperaba a la salida del trabajo. Incluso  se venía a tomar copas con mis colegas. Ellos no lo veían pero cuando alguno intentaba cortejarme, tu fantasma me miraba con cara de pena. Igual que hacías  tú cuando deseabas algo.

         Tu fantasma era como un turista japonés. De pronto le descubría entrando en un museo;  al minuto siguiente,  saliendo de un hotel. Un rato después cruzaba por un paso de cebra cargado de bolsas.  Dos calles más allá subía a un taxi. Yo, por el contrario, era una Penélope ociosa. Ni tejía ni cantaba, solo dejaba pasar el tiempo sentada en los bancos del parque o en las sillas de las terrazas. Y para andar usaba zapatos de tacón.

El movimiento era mi problema, por eso decidí hacer un cambio radical: me compré unas zapatillas y tiré los tacones. Con un poco de pereza abandone el sofá y me fui de compras. Esta novedad alertó a tu fantasma, que comenzó a seguirme por todo el centro comercial. Se quedó mirando con disimulo desde el otro lado del escaparate. Frunció el ceño, su expresión se volvió feroz.  Ya sabes, ese mismo rictus que se dibuja en tu frente cuando algo se te va de las manos.

         Al atarme los cordones del nuevo calzado, mi condición física mejoró. De un salto me planté sobre la acera, dispuesta a exigirle a tu fantasma que desapareciera de mi vida, pero no pudo ser, poco antes de alcanzarle se transformo en aire, dejándome como recuerdo el aroma de tu aftersave.


         Sabemos que los fantasmas están destinados al olvido, eso me anima, pero mientras llega el futuro exploro la ciudad sin descanso. Bajo hasta los andenes del metro, subo a las azoteas más altas, cruzo las calles con el semáforo en rojo. Ahora soy yo la que le persigue.



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22 de marzo de 2014

Aviso importante. Relato breve

Por Alicia Ferrera 



         Al acercarme al fregadero esta mañana, dispuesta para preparar el mate del desayuno, noté con estupor un pequeño desfase de orden físico: estaba un poco más lejos de lo habitual. Puse la pava en el fuego y obtuve la misma sensación de estirar el brazo un poco más que ayer.


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         Uno está acostumbrado a los gestos mínimos del cuerpo y nota cualquier anomalía. En el baño, frente al espejo, constaté que este fenómeno no se circunscribía a la cocina. De modo que me acerqué hasta tocar el borde del lavabo con la pelvis. Indudablemente, me rozaba en la cadera, más abajo que de costumbre. Uno  o dos centímetros son suficientes para la alarma.

         Pensé: No puedo haber crecido durante la noche. Y aun así, me medí con la cinta métrica, acostada en el suelo del salón. Efectivamente, uno con sesenta y tres seguía siendo mi altura, aunque estuviera en horizontal.

         ¿Un fallo del cerebro? Lo descarté en seguida. Si soy capaz de percibir este suceso con precisión es que mi cerebro funciona bien. Incluso demasiado bien.

         De modo que resta una última alternativa, que me apresuro a compartir con amigos y geólogos: la tierra se está hundiendo. Ignoro aún las consecuencias de este fenómeno, pero es mejor prepararse por si el próximo abrazo nos lo tenemos que dar  en Nueva Zelanda.



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12 de marzo de 2014

Los espíritus contradictorios

Un fragmento de Emil Cioran



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“Un espíritu solo interesa por las incompatibilidades que asume, por la tensión de sus tendencias opuestas, por el divorcio entre sus opiniones y sus inclinaciones. (…) Un espíritu solo es fecundo en la medida en que no haya encontrado una solución a su vida, que se engañe sobre lo que desea, sobre lo que ama o sobre lo que odia, que no pueda elegirse, pues es múltiple y no puede optar por sí mismo. Un pesimista que no adora secretamente la vida es un cadáver.”

(Emil Cioran:  Los espíritus contradictorios ( fragmento),
 en Ejercicios negativos. Ed. Taurus)



Emil Cioran (Rumania 1911- París 1995)

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