30 de abril de 2014

Les digo que serán felices

Relato de Urbana Luna


         -Me llamo Estela y soy tu mejor sueño-  les digo al entrar. La visita de una mujer guapa a media noche les recuerda que han sido jóvenes. Los enfermos me miran como si fuera un artículo de lujo, embelesados ante mi rostro altivo y mi piel fresca de adolescente.
  1.  
    Blog Regreso a Babilonia

        

           Puedo ser rubia o morena, eso depende de ellos, pero mi voz es siempre grave, voz de oráculo que nunca se equivoca.

         - Silencio, he venido sólo para ti- les digo, y a continuación les explico quién soy y lo que espero de ellos. No deberían sorprenderse porque antes me han llamado o me han temido, pero mi presencia suele provocar reacciones extremas: los que son religiosos blasfeman. Los ateos maldicen su condición humana. Yo procuro mantener el control mirando  a sus ojos intensamente, pero sólo los débiles ceden la voluntad al primer intento. Casi siempre he de recurrir a los fármacos. Llevo tantos años recorriendo hospitales que he aprendido a inyectar calmantes por vía intravenosa con la destreza de una enfermera.

         Algunos cuerpos jóvenes reaccionan a la medicación mostrando una súbita mejoría, y conscientes de su destino, piden tener sexo por última vez. Yo les concedo el deseo, les doy todo el placer que pueden soportar y si luego reclaman un poco de ternura, les acerco mi pecho que sabe a miel y a infancia.


         Mis labios, que no están hechos para el beso,  pueden besar, y mi boca, que no acostumbra a dar buenas noticias, sabe halagar con promesas de amor.  Aunque no quiero a nadie, poseo la paciencia de una madre. Sé cantar una nana, dar unos azotes, inventar historias que acaban bien. Les digo, por ejemplo,  que están a punto de caer  en un profundo sueño y al despertar serán felices y comerán perdices. Ellos, exhaustos, miran mis pupilas que son dos piezas de obsidiana tan negras como mundos desconocidos. Hipnotizados al fin, creen todas mis mentiras. Ya no recuerdan quién soy. 



20 de abril de 2014

Un poema de Emily Dickinson


Hacer una pradera es cosa fácil. Basta con seguir las instrucciones de Emily Dickinson: 



Blog Regreso a Babilonia




Hacer una pradera
requiere un trébol y una abeja.
Un trébol y una abeja
y el ensueño.
Si las abejas escasean, 
basta el ensueño.


*     *    *   


To make a prairie it takes a clover and one bee,
One clover, and a bee,
And revery.
The revery alone will do
If bees are few
         1755




     
Emily Elizabeth Dickinson  (1830 -1886) nació y murió  en Massachussets, Estados Unidos. Extraña mujer, según nos pintan sus biógrafos, que dedicó su vida a viajar incansablemente alrededor de sí misma, a escribir versos y cartas, a observar la naturaleza desde el jardín de su casa familiar.  Tras su muerte se encontraron, cuidadosamente ordenados, los manuscritos que contenían más de 1700 poemas. 

Sus Poesías completas están publicadas por Editorial Visor en versión bilingüe






Mas sobre Emily Dickinson






10 de abril de 2014

Un dulce olor a chartreuse

(De los cuadernos de Scott Fitzgerald)



Estamos en los felices años 20. Temporada alta en la Riviera francesa. ¿Se imagina el ambiente? Scott Fitzgerald  nos ofrece este apunte. Es escritura, pero huele a licor, café y cigarrillos:


“Cannes en plena temporada -se estaba llenado el café, la luz resplandecía contra la blanca corteza y las verdes hojas de los álamos, en alegres puntos luminosos-, vio que estaba vivo gracias a los vestidos que acababan de llegar de París y despedían un dulce olor penetrante a flores y a chartreuse y café recién hecho y cigarrillos, y mezclado con éstos otro olor, el misterioso y emocionante olor del amor. Manos que tocaban, manos enjoyadas sobre las mesas blancas, los vivos vestidos y las pecheras oscilaban juntos y se alzaban cerillas, un tanto temblorosas, para encender lentamente los cigarrillos.”
(Texto extraído de El Crack- Up, - Cuadernos/ ambientes - obra póstuma de S. Fitzgerald,  publicada por su amigo Edmund Wilson en 1945-  Traducción de Mariano Antolín Rato para la editorial Capitan Swing. )







 English:
“Cannes in the season –he was filling the café, the light which blazed against the white poplar bark and green leaves, with sprightlier motes of his own creation- he saw it vivid with dresses just down from Paris and giving off a sweet pungent odor of flowers and chartreuse and fresh black coffee and cigarettes, and mingled with these another scent, the mysterious  thrilling scent of love. Hands touched jewelled hands over the withe tables; the vivid gowns and the shirt fronts swayed together and  matches were held , trembling a little, for slow-lighting cigarettes”.



*     *     *