21 de junio de 2014

Teoría sobre el vacío

Por Urbana Luna



    Creemos pisar tierra firme: cemento y hormigón sobre estructuras metálicas, pero es solo un espejismo. Bajo las calles, los edificios y los túneles del metro, se esconde una inmensidad de naturaleza desconocida a la que todavía no se ha dado nombre.


Blog Regreso a Babilonia

      
         Se trata de un magma viscoso, dispuesto en capas concéntricas de color grisáceo que va oscureciéndose conforme nos acercamos a lo más hondo. En el centro del laberinto está la ausencia de color, el movimiento cero,  el vacío.

         Pero el vacío tiende a cargarse de tiempo y de espacio, vive por tanto en un equilibrio precario. Para mantener su No-energía y su No-materia, cada cierto tiempo debe deshacerse de una porción de sí mismo. Su esencia es una fuerza que atraviesa ese mar alquitranoso sobre el que navegamos y acaba saliendo a la superficie por cualquier resquicio.

         Esto nos llevaría a plantear dos hipótesis: una, que el vacío perfecto no existe, y dos: que el  vacío produce efectos indeseables sobre la población. Pensemos en esas súbitas bajadas de la tensión arterial que nos predisponen al desmayo, ese cansancio injustificado que siempre achacamos al tiempo, en las faltas de apetito, en los cólicos,  en la tos irritativa.

         De momento no hay estudios concluyentes. Solo un consejo: eviten pasar cerca de alcantarillas, desagües y sumideros.

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