13 de diciembre de 2015

Hay ciudades que parecen laberintos

Por Urbana Luna  

Viven ocultas en las esquinas y entre la piedra de las fachadas más antiguas. Allí donde las líneas paralelas se cruzan con las perpendiculares nacen las imágenes abstractas, las que no evocan nada, las que van tomando la ciudad sin que nadie lo evite. Formas ambiguas que tan pronto son detectadas por la mirada humana corren a esconderse entre la mica, el cuarzo y el feldespato.


Plaza de Marques de Vadillo


Pasado un tiempo esas figuras reaparecen con los contornos aún más difusos, etéreas como los espejismos del desierto, pero desprovistas de toda belleza o poesía. Lentamente irán cayendo sobre la acera como globos desinflados, se arrastrarán junto a los pies de de los viandantes hasta llegar a la calzada y confundirse con el humo de los coches. No se parecen a ninguna otra imagen, escapan a cualquier análisis, solo nos dejan la extraña sensación de lo conocido y no sabido. Llegados a este punto solo nos queda reanudar la marcha, mezclarnos con la gente, como si también nosotros fuéramos espejismos. 


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17 de noviembre de 2015

Clarice Lispector

Los espejos (fragmento)




"¿Qué es un espejo? Como la bola de cristal de los videntes, me arrastra al vacío, que para el vidente es su campo de meditación y para mí el campo de silencios y silencios. Ese vacío cristalizado que tiene dentro de sí espacio para seguir siempre adelante sin parar; porque el espejo es el espacio más profundo que existe. Y es algo mágico: quien tiene un trozo roto puede irse a meditar con él al desierto. De donde volverá también vacío, iluminado y translúcido, y con el mismo silencio vibrante de un espejo." Clarice Lispector. Para no olvidar. Crónicas y otros textos. Editorial  Siruela. Traducción: Elena Losada

 Más sobre Clarice Lispector en el número 51 de la Revista Espéculo



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12 de octubre de 2015

Inquietudes de un zombi

Por Urbana Luna

         El famoso escritor quería inventar una historia de zombis. El mundo zombi vende mucho, decía su editor. Lo intentó varias veces pero siempre quedaba hipnotizado ante la pantalla blanca del Word. Al experimentar el bloqueo creativo sintió miedo. Se dijo que el mundo zombi le quedaba tan lejos que nunca sería capaz de describirlo.


Pregunta al teclado


       En realidad, carecía de dotes de observación. Pensaba que el cutis purulento de su mujer era el resultado de una descompensación hormonal propia de la menopausia. Creía también que la halitosis de su editor se debía a las úlceras provocadas por el estrés. Se trataba de un editor poderoso y muy bien relacionado que, ante sus reparos con el mundo zombi, le sugirió escribir una novela realista contemporánea, con tintes negros, a ser posible de seiscientas páginas  y con final abierto. Con suerte podría ganar el premio Planeta y la historia se pasaría en capítulos por televisión.

         Al escritor le pareció una gran idea y con el paso de los días dejó de molestarle el tufo a podrido que inundaba todas las dependencias de la editorial. Escribió muchas páginas y después de largos meses de trabajo, obtuvo el éxito esperado. Pero una sospecha le impedía ser completamente feliz. Al observar sus manos moviéndose ágiles sobre el teclado del ordenador, se fijaba en ese par de llagas sangrantes que no acababan de cicatrizar y surgía la duda:  ¿Seré diabético?



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28 de septiembre de 2015

Las 12 y 10

Relato de @LaGataPsicopata

     No sé si fue el frío, el calor o el sueño que tenía. O la sed, no había mucho agua, llevaba treinta y cinco días sin llover. Lo sé porque fui haciendo rayitas en el resquicio de la pared donde solía esconderme para mantener mi fría temperatura corporal mientras me alimentaba de las reservas de mi cola.




   Pasé horas mirando cómo hacían las arañas sus encajes de bolillos, casi aprendo. No tenía hilo, de eso me di cuenta más tarde, pero aprendí a mover los dedos, pareciera que tocase un arpa.

     Tampoco tenía arpa, quién mete un arpa en un resquicio de la pared.

     Normalmente me iba al fondo, para estar a oscuras. Menos a las 12 y 10, en esa época del año el sol daba justo en la grieta y yo le miraba curiosa, oculta, anhelante.

     Había muchos ruidos, los ruidos me asustaban, menos a las 12 y 10. Mi rayo de luz, una música sonando. Más tarde, entre el calor infernal, los encajes de bolillos y la oscuridad, pensaba: podría leer una partitura, si tuviera partitura y supiese leerla.

   Un día la música no volvió a sonar, o sonaba pero distorsionada, se mezclaba con otros sonidos: voces, máquinas, perros ladrando. Ya no era música, solo era ruido.

     No recuerdo haber hecho la rayita 36. Sí recuerdo el sol, traspasando mi cuerpo, sentirme polvo al caer y a lo lejos, las risas crueles de unos niños.


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21 de septiembre de 2015

Tu, yo y los sueños premonitorios

Por Urbana Luna


         Soné que te contaba un sueño. Yo estaba en la cocina tomando una taza de café sin azúcar. Hablaba muy deprisa, dando múltiples detalles sobre el argumento, era un sueño en el que salías tú. 

         Mas que hablar, gritaba, para que tú, que estabas en el baño lavándote los dientes, pudieras escucharlo todo, pero la distancia, el ruido del agua y mis gritos quitaban interés al argumento.





         De vez cuando se te escapaba un gruñido para darme a entender que me seguías, aunque lo cierto es que andabas ocupado con tus pensamientos, quizá rumiando el significado de tu propio sueño en el que salía yo, o simplemente repasando los surcos de tu cara frente al espejo.

         Al notar que no me estabas haciendo caso, me serví otro café. Esta vez bebí en silencio, disfrutando de su amargor, susurrando sólo para mí el final de esa historia que he olvidado, hasta que una acidez extrema en la boca del estómago me despertó.

         El contenido de mi sueño se escapó al abrir los ojos. Sé que era algo dramático, o triste, o doloroso, apenas recuerdo esas dos imágenes sin sentido: tú y el cepillo de dientes, yo removiendo el café.

         A mi lado tú seguías durmiendo y yo no me atreví a indagar sobre el significado de los sueños premonitorios. Me dio por recordar ese relato de Borges que trata de un soñador que es soñado y de la trayectoria circular del tiempo.  

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7 de septiembre de 2015

Un sueño de Kafka

En Cartas a Milena (1920/1923)



El pensadorDibujo de Franz Kafka


Anoche soñé contigo. No recuerdo los detalles, solo sé que nos convertíamos continuamente el uno en el otro, yo era tú, tú eras yo. Empezabas a arder, no sé como. Yo recordaba que el fuego se apaga con ropas, cogía un abrigo y te sacudía con él. Pero entonces empezaban de nuevo las metamorfosis y tú ya no estabas allí, ahora era yo el que ardía, y también era yo el que sacudía con el abrigo. Los golpes eran inútiles y no hacían más que confirmar mi antigua sospecha de que así no se puede apagar un fuego. Mientras tanto, los bomberos habían llegado y te habían salvado. Pero ahora eras distinta, espectral, como dibujada con tiza en la oscuridad, y caías en mis brazos inerte o quizás tan solo inconsciente de felicidad por estar a salvo. Pero también aquí operaba la incertidumbre de la metamorfosis, tal vez era yo quién caía en brazos de alguien.” 


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16 de agosto de 2015

Amor en tres tiempos

Por Urbana Luna


Pasado.

Después de la última bronca escribí: Lo nuestro no tiene futuro. Deberíamos darnos un tiempo. De acuerdo, la frase es un tópico, pero es fácil de entender y no precisa explicaciones. Me respondiste con un simple vale, y me sentí tan libre como un globo al que le hubieran cortado la cuerda, y subí hasta el cielo azul, un paraíso ideal para ser explorado hasta cansarme, hasta perderme.





Presente.
Ya no te veo a la salida del trabajo. Los amigos comunes no saben de ti. Consulto a menudo tu estado de wasap. Disponible, dice. Cuento y recuento el pasado. Señalo en el calendario el día que escribí: Lo nuestro no tiene futuro, etc.

Futuro.
El futuro empieza mañana, o la próxima semana, o dentro de un año, de diez.  Te mandaré un mensaje que diga: Lo nuestro si tiene presente. Deberíamos darnos un tiempo. Luego pulsaré  la tecla enviar y  quedaré expuesta a tu rabia, a tu enfado, a tu venganza, a tu sorpresa,  a tu burla,  a tu indiferencia,  a tu silencio, a que vuelvas a responder: Vale


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4 de agosto de 2015

El tiempo y el tiempo

Por Urbana Luna




El tiempo y el tiempo, relato de Urbana Luna
La recompensa del adivino. Oleo de Giorgio de Chirico, 1913


              En las plazas desiertas, las estatuas se tumban sobre el pedestal. El sol de verano, lejos de dañar su piel, les otorga una cualidad diferente. Tras un tiempo de exposición, el mármol deja de ser mármol para convertirse en materia animada, radiante, inestable como el espejismo de un desierto. Dotadas de una repentina movilidad,  ensayan movimientos con brazos y piernas,  se retuercen envueltas en sus túnicas griegas como si fueran humanos recién despertados de una siesta placentera. Indolentes, dejan pasar la tarde mientras las sombras se van alargando.


         Poco antes del ocaso, se oirá en la estación cercana la sirena de la locomotora. El tren va lleno de turistas que regresan de la playa. Es hora de que cada estatua adopte de nuevo la postura erguida que le ordenó el escultor, su mármol volverá a ser mármol y el manto azul de la melancolía caerá sobre ellas. Todo quedará dispuesto para ser fotografiado.


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17 de mayo de 2015

Vivir en el Paraiso

Relato de Urbana Luna


     Ya lo he contado antes. Que te gustaba pintarme las uñas de los pies. Que de esa manera me otorgabas el estatus de diosa. Diosa de andar por casa con los pies vestidos de fiesta. La fiesta eras tú.


Blog Regreso a Babilonia



    Si cumplías todos mis deseos, eras recompensado. Te dejaba elegir el premio con la generosidad de los  que son felices. Pero antes debías aceptar mis condiciones. A veces, me atacaba ese humor saturnal que es tan propio de las deidades caprichosas. La felicidad pura es tan difícil de sobrellevar. Entonces me empeñaba en no despegar los pies de la tierra aunque los llevara pintados de fiesta, y te exigía que arreglaras el enchufe del cuarto de baño o que ajustaras los tornillos del aparador. Castigaba tu inutilidad para el bricolaje obligándote a escuchar "So badde Nina Hagen cuantas veces se me antojaba. I can be so good like a goddness, cantábamos  la diva y yo

    La luz iba desapareciendo. Tú eras mi eco, yo era tu espejo, el círculo se cerraba sobre tu cabeza. Quedabas coronado. El cambio de papeles era progresivo, lento, irremediable. Te ibas apropiando de cada centímetro de mi piel pero no te bastaba con eso, querías también mi alma. El alma de las diosas es tan azulada como el humo del cigarro, pero mucho más tóxica. Aún así te arriesgabas. 

    Entonces no eras un recuerdo domesticado, sino el Rey de Corazones, magnánimo, absoluto, omnipotente. So young and beautiful, you are the King of Hearts - cantaba la Hagen. Me complacía mirarte mientras rebuscabas en mi bolso para encontrar ese esmalte de uñas con el que habrías de vestirme. Siempre elegías Poppy Red, de Cristian Dior. Hoy está descatalogado



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Poema sin título I

 Por Ana Cuaresma  

 Para qué sirve un título cuando los versos  lo dicen todo:




TE acuna el invierno ,caverna,
Guarecido ,sigue,
Como las hormigas
te grita la ciudad nocturna y noctámbula
Desde su silencio ,llueven muñones,
Cada año, en su podar de neuronas
Pronto, será carnaval
Las alas crecerán en los abrigos
Y los tiestos en las terrazas…
La utopía es buscar el silencio fuera de la ciudad
Sólo ella duerme ,puliendo diamantes,
Hubo una lasca, un arma, y yemas en los dedos bostezando burbujas
Cuando algo prospera es a costa de alguien , hubo abono en la tierra,
Es el efecto de la ciudad , aquello que desconoces,
Lo que se diluye ,como el vodka en la naranja,
La ciudad es la penúltima copa que te arregla el estómago
La trompeta de muérdago ,allá arriba, estará, dices, cuando una veta de lucidez se acerca a tu día y pides la cuenta, recoges el pan, y apagas la luz de tu silencio
Escondes otras cosas, por ejemplo, lo que no dices, los sellos de lengua de toda tu boca,
Mientras, el hormigón se encarga de aplicar todo lo no dicho ,y soluciona el problema,
De pret hasta porter, le da sentido a los silencios y a todos los susurros que vomitan los sueños
Siempre la tierra fue más sólida y nunca supo de amaneceres, las semillas no conocen dónde germinan
hay baterías que trabajan desde la energía del sol pero no es lo mismo
que tu vida vampírica ,el ataúd recicla el sol de los otros,
Los colmillos nacen ,con el pan bajo el brazo, desde el que sostiene en su espalda tus garbanzos,
Echa la cuenta
A.C.

          Ana Cuaresma es poeta y fundadora del grupo literario El  Hombre que fue Jueves cuyos miembros publican habitualmente desde las páginas de Facebook.
 El último proyecto del colectivo ha sido una colaboración con 
La Chimenea Fanzine 

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Caleidoscopio, delirio

Por Urbana Luna








     Una ráfaga de viento arrebata los periódicos del quiosco. Las palabras se desprenden de sus páginas como polvo de alfombra y quedan huérfanas. Vuelan a ritmo sincopado, se agitan en remolinos coléricos junto a excrementos de paloma y colillas de cigarro. La mayoría van perdiendo contenido y sólo les queda la cáscara. Son palabras enfermas que permanecerán atrapadas entre las ramas de los árboles hasta que acabe el invierno. Otras se empeñan en sobrevivir. Rebeldes, aferradas a sí mismas, terminan por enloquecer y cuando el viento amaina, van a caer sobre las aceras, formando textos breves, incoherentes, tal vez subversivos, que casi nadie se atreve a leer.


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Nadie te acariciará como yo no te he acariciado. Historia de una gota resbalando tras el cristal.

Relato de: @LaGataPsicopata


Una gota se estrelló en el cristal. Tras unos momentos de confusión resbala un poquito  y  fija su  vista al otro lado.

Una cama revuelta, una lata con hilos, un cuaderno pequeño con tapas negras, un lápiz de colores, unas manos que bordan. Las manos enhebran una aguja con hilo amarillo.


Blog Regreso a Babilonia
Foto de @MagnusCaslte


¿De quién serán las manos?  Resbala otro poquito, para poder mirar mejor.

Pero una ráfaga de viento la desplaza hacia la izquierda. Late su corazón de gota como si fuera agua hirviendo.

¡Ay, las manos!, ahí están.  Una luz las ilumina, la misma luz que mantiene el resto de la estancia en penumbra.

El viento arrecia, la gota se aferra al cristal, adopta una forma alargada, desea convertirse en ventosa, en pulpo, en salamandra; pero el viento la arrastra, resbala ventana abajo y ya  no sabe si es lágrima o gota.

Al llegar al alfeizar solo atina a pensar, mientras otras gotas la arrastran con ellas, la absorben, la alejan: nadie te acariciará como yo no te he acariciado.

10 de mayo de 2015

Un sueño de Walter Benjamin


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(…) Me encontraba ante un mapa y,  al mismo tiempo, en el lugar que éste representaba. El terreno presentaba un triste aspecto, tremendamente inhóspito; no podría decir si su desolación era la de los desiertos rocosos o la del vacío fondo gris del mapa, solo poblado por letras. Unas que describían una curva, como siguiendo la línea de una cadena montañosa; las palabras que formaban se hallaban separadas unas de otras, unas veces más y otras menos. Sabía, o me di cuenta, que me encontraba en el laberinto del oído. Pero el mapa era, al tiempo, el del infierno. (Anotado en uno de sus cuadernos- verano de 1938)





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22 de abril de 2015

Extraña vida líquida

Por Urbana Luna
      
         Evitan los nenúfares y los rayos de sol que se reflejan en el agua. Aprovechan las corrientes para llegar hasta lo más profundo del pantano. Se mecen sobre el fondo, confundidos entre el cieno que acuna a las larvas. Así su muerte parece menos muerte.


        Adoran a los anfibios como a verdaderos dioses, siguen su estela hasta quedar atrapados entre raíces subacuáticas. Feliz cautiverio, pues solo desean vivir por vivir y allí la humedad los mantiene latentes, como cigotos siempre inmaduros, sin deseo, sin miedos, con la memoria embotada por el tiempo. Olvidan que en un futuro probable lo difuso se tornará compacto, lo leve será evidente, la calma de hoy se llamará caos.
  

     

25 de marzo de 2015

El viajero

Un poema de Alicia Ferrera




El Centauro se escinde por la parte del corazón
desplegando sus tumultuosas alas
En el vórtice aéreo hay una brújula infalible
que señala el lugar correcto
donde tus pasos te llevan.
Cargarás un poco de polen
recolectado de cada rostro que has visitado
y que guardarás, dolorido y alegre,
en los múltiples pliegues de tus heridas
para que el olvido traidor no te alcance
en la vuelta de una esquina cualquiera.
Ya lo sabes
siempre estarás
a seis grados del centro del universo.

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21 de febrero de 2015

Políticamente correcto (Relato breve)

Por Urbana Luna


      Antes de meter la llave en la cerradura, la puerta de mi casa se abre sola. El fantasma con el que comparto domicilio me recibe con una sonrisa de mayordomo, cuelga mi chaqueta en la percha del pasillo y me acompaña hasta el salón. Una vez allí, ahueca los cojines del sofá, parece disfrutar con eso. Manipula el mando a distancia para elegir mi serie favorita y cuando estoy felizmente embobado frente al televisor se marcha a la cocina a preparar la cena.


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    Durante estos días me preguntaba si era sensato dar tanto poder a un ectoplasma, a veces me sentía como un invitado en mi propia casa. Estuve a punto de llamar a un quiromántico para que le hiciera desaparecer, pero después de probar su solomillo a la pimienta desestimé la idea.

      Con el paso de los días fue tomando confianza y empezó a hablar. Al principio solo articulaba frases superficiales, como: ¿Desea el señor que le planche la camisa blanca o la azul?. Su tono de voz inspiraba confianza, sus gestos eran armónicos, jamás le noté impaciente o cansado. Y lo mejor de todo, su discurso fue ganando en contenido, hasta llegar a emitir opiniones fundamentadas sobre cualquier noticia de actualidad.

      Esta mañana, me despedí como siempre para ir al trabajo. Entonces hizo algo que me llegó al corazón.Dijo: 

      - Adios, señor, cuídese ese catarro. Y me dio una aspirina.

      A lo largo del día el catarro ha ido a peor. Mientras busco la llave en el bolsillo de la chaqueta, pienso en ese caldo de gallina que mi reciente amigo me tendrá preparado. Pero la llave que debería estar en el bolsillo de la chaqueta no aparece. Mi impaciencia va en aumento, porque la puerta que debería abrirse sola, no se abre. Pulso el timbre repetidas veces y al fin se oye su voz al otro lado que dice:

      - Hoy no espero visitas. Váyase, señor.
      
      Ante mi rabia, él responde con serenidad. Me explica que en estos momentos la casa es suya. No entiendo muy bien sus argumentos, algo sobre la bioalternancia en el proceso ecoproductivo. Al fin promete que me la devolverá en cuanto le sea posible y, dado que está realmente interesado en mi bienestar, me da la dirección de un hotelito barato donde podré alojarme. Entonces me doy cuenta de la verdadera magnitud de mi problema. Esa extraña criatura no es un fantasma, es un político. Estoy perdido, no creo que el quiromántico pueda ayudarme.



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31 de enero de 2015

Su voluntad, nuestro cuerpo

Por Urbana Luna

   Y de madrugada llega el sueño. Los personajes toman posiciones alrededor de mi cama. Grandes lienzos cubren las paredes. El decorado consta de: un cielo sucio, lejano y un parque en cuyo centro se exhibe La Esfinge. El tocado de plumas subraya su importancia. Las líneas de fuga escapan hacia un punto oculto pero existente: su corazón. Ella mira al infinito. Es una pose, probablemente esté ciega. Se diría que detenta el poder, pero solo es un icono




   Los secundarios, disciplinados, caminamos a su alrededor. Ninguna idea interrumpe la marcha. El único objetivo es seguir la trayectoria: una línea curva marcada con tiza sobre la arena. Nuestros pies no dejan huella, así está escrito. No hay rebelión ni huída. Es un viaje circular.

   Más tarde intento encerrar la pesadilla entre los límites de un papel en blanco. Invento, reconstruyo, elaboro interpretaciones. No sirve de nada, el argumento se desdibuja inevitablemente, como palabras escritas en una postal antigua. 

21 de enero de 2015

Palabras de Marguerite Duras




“Debiera existir una escritura de lo no escrito. Un día existirá. Una escritura breve, sin gramática, una escritura de palabras solas. Palabras sin el sostén de la gramática. Extraviadas. Ahí, escritas. Y abandonadas de inmediato”. (Marguerite Duras. Escribir. Editorial Tusquets- Traducción Ana María Moix)


Click en la imagen para ver más sobre Marguerite Duras:


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11 de enero de 2015

El impostor

Por Urbana Luna



Relato de Urbana Luna



              El otro día me encontré con tu recuerdo. Era tan alto como tú, con el mismo cabello negro de reflejos azulados. Se deslizaba entre los invitados con la ligereza de un bailarín, sujetando con una sola mano la bandeja llena de copas. Cuando le tuve cerca me miró como se mira un paisaje lejano o un cuadro que no interesa. Normal, los recuerdos son aves de paso, no tienen apego por nadie. Lo sorprendente es que, visto de cerca, ni sus ojos, ni sus labios, ni el tono de su piel, guardaban el menor parecido con los tuyos. De repente sonaron las doce campanadas, hubo risas, choque de copas, y ya no volví a verle. No hay que fiarse de los recuerdos, casi siempre son falsos. 


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