31 de enero de 2015

Su voluntad, nuestro cuerpo

Por Urbana Luna

   Y de madrugada llega el sueño. Los personajes toman posiciones alrededor de mi cama. Grandes lienzos cubren las paredes. El decorado consta de: un cielo sucio, lejano y un parque en cuyo centro se exhibe La Esfinge. El tocado de plumas subraya su importancia. Las líneas de fuga escapan hacia un punto oculto pero existente: su corazón. Ella mira al infinito. Es una pose, probablemente esté ciega. Se diría que detenta el poder, pero solo es un icono




   Los secundarios, disciplinados, caminamos a su alrededor. Ninguna idea interrumpe la marcha. El único objetivo es seguir la trayectoria: una línea curva marcada con tiza sobre la arena. Nuestros pies no dejan huella, así está escrito. No hay rebelión ni huída. Es un viaje circular.

   Más tarde intento encerrar la pesadilla entre los límites de un papel en blanco. Invento, reconstruyo, elaboro interpretaciones. No sirve de nada, el argumento se desdibuja inevitablemente, como palabras escritas en una postal antigua. 

21 de enero de 2015

Palabras de Marguerite Duras




“Debiera existir una escritura de lo no escrito. Un día existirá. Una escritura breve, sin gramática, una escritura de palabras solas. Palabras sin el sostén de la gramática. Extraviadas. Ahí, escritas. Y abandonadas de inmediato”. (Marguerite Duras. Escribir. Editorial Tusquets- Traducción Ana María Moix)


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11 de enero de 2015

El impostor

Por Urbana Luna



Relato de Urbana Luna



              El otro día me encontré con tu recuerdo. Era tan alto como tú, con el mismo cabello negro de reflejos azulados. Se deslizaba entre los invitados con la ligereza de un bailarín, sujetando con una sola mano la bandeja llena de copas. Cuando le tuve cerca me miró como se mira un paisaje lejano o un cuadro que no interesa. Normal, los recuerdos son aves de paso, no tienen apego por nadie. Lo sorprendente es que, visto de cerca, ni sus ojos, ni sus labios, ni el tono de su piel, guardaban el menor parecido con los tuyos. De repente sonaron las doce campanadas, hubo risas, choque de copas, y ya no volví a verle. No hay que fiarse de los recuerdos, casi siempre son falsos. 


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