21 de febrero de 2015

Políticamente correcto (Relato breve)

Por Urbana Luna


      Antes de meter la llave en la cerradura, la puerta de mi casa se abre sola. El fantasma con el que comparto domicilio me recibe con una sonrisa de mayordomo, cuelga mi chaqueta en la percha del pasillo y me acompaña hasta el salón. Una vez allí, ahueca los cojines del sofá, parece disfrutar con eso. Manipula el mando a distancia para elegir mi serie favorita y cuando estoy felizmente embobado frente al televisor se marcha a la cocina a preparar la cena.


Blog Regreso a Babilonia


    Durante estos días me preguntaba si era sensato dar tanto poder a un ectoplasma, a veces me sentía como un invitado en mi propia casa. Estuve a punto de llamar a un quiromántico para que le hiciera desaparecer, pero después de probar su solomillo a la pimienta desestimé la idea.

      Con el paso de los días fue tomando confianza y empezó a hablar. Al principio solo articulaba frases superficiales, como: ¿Desea el señor que le planche la camisa blanca o la azul?. Su tono de voz inspiraba confianza, sus gestos eran armónicos, jamás le noté impaciente o cansado. Y lo mejor de todo, su discurso fue ganando en contenido, hasta llegar a emitir opiniones fundamentadas sobre cualquier noticia de actualidad.

      Esta mañana, me despedí como siempre para ir al trabajo. Entonces hizo algo que me llegó al corazón.Dijo: 

      - Adios, señor, cuídese ese catarro. Y me dio una aspirina.

      A lo largo del día el catarro ha ido a peor. Mientras busco la llave en el bolsillo de la chaqueta, pienso en ese caldo de gallina que mi reciente amigo me tendrá preparado. Pero la llave que debería estar en el bolsillo de la chaqueta no aparece. Mi impaciencia va en aumento, porque la puerta que debería abrirse sola, no se abre. Pulso el timbre repetidas veces y al fin se oye su voz al otro lado que dice:

      - Hoy no espero visitas. Váyase, señor.
      
      Ante mi rabia, él responde con serenidad. Me explica que en estos momentos la casa es suya. No entiendo muy bien sus argumentos, algo sobre la bioalternancia en el proceso ecoproductivo. Al fin promete que me la devolverá en cuanto le sea posible y, dado que está realmente interesado en mi bienestar, me da la dirección de un hotelito barato donde podré alojarme. Entonces me doy cuenta de la verdadera magnitud de mi problema. Esa extraña criatura no es un fantasma, es un político. Estoy perdido, no creo que el quiromántico pueda ayudarme.



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