17 de mayo de 2015

Caleidoscopio, delirio

Por Urbana Luna








     Una ráfaga de viento arrebata los periódicos del quiosco. Las palabras se desprenden de sus páginas como polvo de alfombra y quedan huérfanas. Vuelan a ritmo sincopado, se agitan en remolinos coléricos junto a excrementos de paloma y colillas de cigarro. La mayoría van perdiendo contenido y sólo les queda la cáscara. Son palabras enfermas que permanecerán atrapadas entre las ramas de los árboles hasta que acabe el invierno. Otras se empeñan en sobrevivir. Rebeldes, aferradas a sí mismas, terminan por enloquecer y cuando el viento amaina, van a caer sobre las aceras, formando textos breves, incoherentes, tal vez subversivos, que casi nadie se atreve a leer.


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