17 de mayo de 2015

Vivir en el Paraiso

Relato de Urbana Luna


     Ya lo he contado antes. Que te gustaba pintarme las uñas de los pies. Que de esa manera me otorgabas el estatus de diosa. Diosa de andar por casa con los pies vestidos de fiesta. La fiesta eras tú.


Blog Regreso a Babilonia



    Si cumplías todos mis deseos, eras recompensado. Te dejaba elegir el premio con la generosidad de los  que son felices. Pero antes debías aceptar mis condiciones. A veces, me atacaba ese humor saturnal que es tan propio de las deidades caprichosas. La felicidad pura es tan difícil de sobrellevar. Entonces me empeñaba en no despegar los pies de la tierra aunque los llevara pintados de fiesta, y te exigía que arreglaras el enchufe del cuarto de baño o que ajustaras los tornillos del aparador. Castigaba tu inutilidad para el bricolaje obligándote a escuchar "So badde Nina Hagen cuantas veces se me antojaba. I can be so good like a goddness, cantábamos  la diva y yo

    La luz iba desapareciendo. Tú eras mi eco, yo era tu espejo, el círculo se cerraba sobre tu cabeza. Quedabas coronado. El cambio de papeles era progresivo, lento, irremediable. Te ibas apropiando de cada centímetro de mi piel pero no te bastaba con eso, querías también mi alma. El alma de las diosas es tan azulada como el humo del cigarro, pero mucho más tóxica. Aún así te arriesgabas. 

    Entonces no eras un recuerdo domesticado, sino el Rey de Corazones, magnánimo, absoluto, omnipotente. So young and beautiful, you are the King of Hearts - cantaba la Hagen. Me complacía mirarte mientras rebuscabas en mi bolso para encontrar ese esmalte de uñas con el que habrías de vestirme. Siempre elegías Poppy Red, de Cristian Dior. Hoy está descatalogado



*    *    *    *    *    *    *    *    *    *

Poema sin título I

 Por Ana Cuaresma  

 Para qué sirve un título cuando los versos  lo dicen todo:




TE acuna el invierno ,caverna,
Guarecido ,sigue,
Como las hormigas
te grita la ciudad nocturna y noctámbula
Desde su silencio ,llueven muñones,
Cada año, en su podar de neuronas
Pronto, será carnaval
Las alas crecerán en los abrigos
Y los tiestos en las terrazas…
La utopía es buscar el silencio fuera de la ciudad
Sólo ella duerme ,puliendo diamantes,
Hubo una lasca, un arma, y yemas en los dedos bostezando burbujas
Cuando algo prospera es a costa de alguien , hubo abono en la tierra,
Es el efecto de la ciudad , aquello que desconoces,
Lo que se diluye ,como el vodka en la naranja,
La ciudad es la penúltima copa que te arregla el estómago
La trompeta de muérdago ,allá arriba, estará, dices, cuando una veta de lucidez se acerca a tu día y pides la cuenta, recoges el pan, y apagas la luz de tu silencio
Escondes otras cosas, por ejemplo, lo que no dices, los sellos de lengua de toda tu boca,
Mientras, el hormigón se encarga de aplicar todo lo no dicho ,y soluciona el problema,
De pret hasta porter, le da sentido a los silencios y a todos los susurros que vomitan los sueños
Siempre la tierra fue más sólida y nunca supo de amaneceres, las semillas no conocen dónde germinan
hay baterías que trabajan desde la energía del sol pero no es lo mismo
que tu vida vampírica ,el ataúd recicla el sol de los otros,
Los colmillos nacen ,con el pan bajo el brazo, desde el que sostiene en su espalda tus garbanzos,
Echa la cuenta
A.C.

          Ana Cuaresma es poeta y fundadora del grupo literario El  Hombre que fue Jueves cuyos miembros publican habitualmente desde las páginas de Facebook.
 El último proyecto del colectivo ha sido una colaboración con 
La Chimenea Fanzine 

Pinchar en la imagen:


*****************************************************************



*   *   *   *   *   *   *   *   *   *   *   *   * 










Caleidoscopio, delirio

Por Urbana Luna








     Una ráfaga de viento arrebata los periódicos del quiosco. Las palabras se desprenden de sus páginas como polvo de alfombra y quedan huérfanas. Vuelan a ritmo sincopado, se agitan en remolinos coléricos junto a excrementos de paloma y colillas de cigarro. La mayoría van perdiendo contenido y sólo les queda la cáscara. Son palabras enfermas que permanecerán atrapadas entre las ramas de los árboles hasta que acabe el invierno. Otras se empeñan en sobrevivir. Rebeldes, aferradas a sí mismas, terminan por enloquecer y cuando el viento amaina, van a caer sobre las aceras, formando textos breves, incoherentes, tal vez subversivos, que casi nadie se atreve a leer.


*   *   *   *   *   *   *   *   *   *   *

Nadie te acariciará como yo no te he acariciado. Historia de una gota resbalando tras el cristal.

Relato de: @LaGataPsicopata


Una gota se estrelló en el cristal. Tras unos momentos de confusión resbala un poquito  y  fija su  vista al otro lado.

Una cama revuelta, una lata con hilos, un cuaderno pequeño con tapas negras, un lápiz de colores, unas manos que bordan. Las manos enhebran una aguja con hilo amarillo.


Blog Regreso a Babilonia
Foto de @MagnusCaslte


¿De quién serán las manos?  Resbala otro poquito, para poder mirar mejor.

Pero una ráfaga de viento la desplaza hacia la izquierda. Late su corazón de gota como si fuera agua hirviendo.

¡Ay, las manos!, ahí están.  Una luz las ilumina, la misma luz que mantiene el resto de la estancia en penumbra.

El viento arrecia, la gota se aferra al cristal, adopta una forma alargada, desea convertirse en ventosa, en pulpo, en salamandra; pero el viento la arrastra, resbala ventana abajo y ya  no sabe si es lágrima o gota.

Al llegar al alfeizar solo atina a pensar, mientras otras gotas la arrastran con ellas, la absorben, la alejan: nadie te acariciará como yo no te he acariciado.

10 de mayo de 2015

Un sueño de Walter Benjamin


Blog Regreso a Babilonia


(…) Me encontraba ante un mapa y,  al mismo tiempo, en el lugar que éste representaba. El terreno presentaba un triste aspecto, tremendamente inhóspito; no podría decir si su desolación era la de los desiertos rocosos o la del vacío fondo gris del mapa, solo poblado por letras. Unas que describían una curva, como siguiendo la línea de una cadena montañosa; las palabras que formaban se hallaban separadas unas de otras, unas veces más y otras menos. Sabía, o me di cuenta, que me encontraba en el laberinto del oído. Pero el mapa era, al tiempo, el del infierno. (Anotado en uno de sus cuadernos- verano de 1938)





*   *   *   *   *   *