28 de septiembre de 2015

Las 12 y 10

Relato de @LaGataPsicopata

     No sé si fue el frío, el calor o el sueño que tenía. O la sed, no había mucho agua, llevaba treinta y cinco días sin llover. Lo sé porque fui haciendo rayitas en el resquicio de la pared donde solía esconderme para mantener mi fría temperatura corporal mientras me alimentaba de las reservas de mi cola.




   Pasé horas mirando cómo hacían las arañas sus encajes de bolillos, casi aprendo. No tenía hilo, de eso me di cuenta más tarde, pero aprendí a mover los dedos, pareciera que tocase un arpa.

     Tampoco tenía arpa, quién mete un arpa en un resquicio de la pared.

     Normalmente me iba al fondo, para estar a oscuras. Menos a las 12 y 10, en esa época del año el sol daba justo en la grieta y yo le miraba curiosa, oculta, anhelante.

     Había muchos ruidos, los ruidos me asustaban, menos a las 12 y 10. Mi rayo de luz, una música sonando. Más tarde, entre el calor infernal, los encajes de bolillos y la oscuridad, pensaba: podría leer una partitura, si tuviera partitura y supiese leerla.

   Un día la música no volvió a sonar, o sonaba pero distorsionada, se mezclaba con otros sonidos: voces, máquinas, perros ladrando. Ya no era música, solo era ruido.

     No recuerdo haber hecho la rayita 36. Sí recuerdo el sol, traspasando mi cuerpo, sentirme polvo al caer y a lo lejos, las risas crueles de unos niños.


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21 de septiembre de 2015

Tu, yo y los sueños premonitorios

Por Urbana Luna


         Soné que te contaba un sueño. Yo estaba en la cocina tomando una taza de café sin azúcar. Hablaba muy deprisa, dando múltiples detalles sobre el argumento, era un sueño en el que salías tú. 

         Mas que hablar, gritaba, para que tú, que estabas en el baño lavándote los dientes, pudieras escucharlo todo, pero la distancia, el ruido del agua y mis gritos quitaban interés al argumento.





         De vez cuando se te escapaba un gruñido para darme a entender que me seguías, aunque lo cierto es que andabas ocupado con tus pensamientos, quizá rumiando el significado de tu propio sueño en el que salía yo, o simplemente repasando los surcos de tu cara frente al espejo.

         Al notar que no me estabas haciendo caso, me serví otro café. Esta vez bebí en silencio, disfrutando de su amargor, susurrando sólo para mí el final de esa historia que he olvidado, hasta que una acidez extrema en la boca del estómago me despertó.

         El contenido de mi sueño se escapó al abrir los ojos. Sé que era algo dramático, o triste, o doloroso, apenas recuerdo esas dos imágenes sin sentido: tú y el cepillo de dientes, yo removiendo el café.

         A mi lado tú seguías durmiendo y yo no me atreví a indagar sobre el significado de los sueños premonitorios. Me dio por recordar ese relato de Borges que trata de un soñador que es soñado y de la trayectoria circular del tiempo.  

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7 de septiembre de 2015

Un sueño de Kafka

En Cartas a Milena (1920/1923)



El pensadorDibujo de Franz Kafka


Anoche soñé contigo. No recuerdo los detalles, solo sé que nos convertíamos continuamente el uno en el otro, yo era tú, tú eras yo. Empezabas a arder, no sé como. Yo recordaba que el fuego se apaga con ropas, cogía un abrigo y te sacudía con él. Pero entonces empezaban de nuevo las metamorfosis y tú ya no estabas allí, ahora era yo el que ardía, y también era yo el que sacudía con el abrigo. Los golpes eran inútiles y no hacían más que confirmar mi antigua sospecha de que así no se puede apagar un fuego. Mientras tanto, los bomberos habían llegado y te habían salvado. Pero ahora eras distinta, espectral, como dibujada con tiza en la oscuridad, y caías en mis brazos inerte o quizás tan solo inconsciente de felicidad por estar a salvo. Pero también aquí operaba la incertidumbre de la metamorfosis, tal vez era yo quién caía en brazos de alguien.” 


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