12 de octubre de 2015

Inquietudes de un zombi

Por Urbana Luna

         El famoso escritor quería inventar una historia de zombis. El mundo zombi vende mucho, decía su editor. Lo intentó varias veces pero siempre quedaba hipnotizado ante la pantalla blanca del Word. Al experimentar el bloqueo creativo sintió miedo. Se dijo que el mundo zombi le quedaba tan lejos que nunca sería capaz de describirlo.


Pregunta al teclado


       En realidad, carecía de dotes de observación. Pensaba que el cutis purulento de su mujer era el resultado de una descompensación hormonal propia de la menopausia. Creía también que la halitosis de su editor se debía a las úlceras provocadas por el estrés. Se trataba de un editor poderoso y muy bien relacionado que, ante sus reparos con el mundo zombi, le sugirió escribir una novela realista contemporánea, con tintes negros, a ser posible de seiscientas páginas  y con final abierto. Con suerte podría ganar el premio Planeta y la historia se pasaría en capítulos por televisión.

         Al escritor le pareció una gran idea y con el paso de los días dejó de molestarle el tufo a podrido que inundaba todas las dependencias de la editorial. Escribió muchas páginas y después de largos meses de trabajo, obtuvo el éxito esperado. Pero una sospecha le impedía ser completamente feliz. Al observar sus manos moviéndose ágiles sobre el teclado del ordenador, se fijaba en ese par de llagas sangrantes que no acababan de cicatrizar y surgía la duda:  ¿Seré diabético?



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