25 de marzo de 2016

Aficiones de una melancólica

Por Urbana Luna


         Esa dama que se oculta tras la puerta es una condesa aquejada de melancolía. No quiere a nadie, ni a sí misma, ni a sus tesoros heredados.Vive en continua negación.




los criados simulan respeto, disfrazan su odio con reverencias


     Los criados simulan respeto cuando obedecen órdenes imposibles y disfrazan su odio con reverencias. El médico sugiere que debería buscarse un pasatiempo, las aficiones nos hacen más felices. Ella manda que capturen periquitos, guacamayos y aves del paraíso, criaturas elegantes que adornaran sus salones. 

         Los criados rebuscan entre las copas de los árboles, pero solo encuentran palomas, gorriones y unos pájaros negros que no dejan de graznar. Son animales sin pedigrí, una vez enjaulados se golpean contra los barrotes hasta perder parte de su vulgar plumaje. Se picotean entre ellos y emiten un sonido silbante que va aumentando de intensidad hasta hacerse insoportable. La misma condesa recibió un picotazo cuando intentaba acercar un terrón de azúcar a una de esas bestias.

          ¡Que les corten la cabeza!, decreta inmediatamente, y los lacayos, en su papel de verdugos, afilan los cuchillos con ademanes sádicos, cruzan miradas inteligentes y retiran a los condenados para conducirlos a la supuesta guillotina. Es mejor que la señora no presencie un espectáculo tan sangriento. Enseguida le llevo a la señora  alcohol para curar la herida y una tisana para los nervios de la señora. La señora debería descansar.

         Recluida en sus aposentos, la condesa observa el hilo oscuro que resbala por el dorso de su mano. La bilis negra es densa, no llegará al río. Se deleita pensando en el destino fatal que aguarda a los pájaros, en la inutilidad de la Ornitología, y el vacío se va llenando con los vapores tóxicos de su propio espíritu. Es tan feliz.